Homenaje a Luc Dardenne

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Un cineasta con cuatro ojos

La presencia de Luc Dardenne en el Festival de Lima es un hecho feliz, pues permite el encuentro con una de las parejas fraternas más influyentes del cine actual  –la que conforma con su hermano Jean-Pierre- y la realización de una retrospectiva que cubre la mitad de su filmografía, incluyendo el estreno de “La fille inconnue”, su cinta más reciente, presentada este año en Cannes.

Jean-Pierre (1951) y Luc (1954) Dardenne son belgas. Nacieron y se educaron juntos en las provincias industriales de Lieja y Seraing, que forman parte de la región francoparlante de Valonia, una de las dos que abarca este país bilingüe. Su familia, con medios limitados, pertenece a la clase trabajadora, un elemento de referencia en sus películas. Luc Dardenne estudia filosofía y Jean-Pierre arte dramático en el Instituto de Difusión de las Artes, donde conocen a Armand Gatti (Mónaco, 1924), poeta, hombre de teatro y cineasta francés que los emplea como asistentes y ejerce una influencia gravitante en su decisión de dedicarse al cine.

En 1975 ambos hermanos crean su propia empresa, “Dérive”, para la cual dirigen una decena de documentales y producen muchos otros. Salvo el primero, Le chant du rossignol (1978) dedicado a la actividad de la resistencia antinazi en Bélgica, los restantes están rodados en la zona de Seraing, ligada a las industrias minera y metalúrgica y próxima a la frontera alemana. Los Dardenne  retratan los problemas de los jóvenes, la desocupación y la inmigración clandestina. El suyo es un cine de corte realista y problemática social.

En 1987 ambos deciden pasar al largometraje de ficción reiterando el trabajo en conjunto que han hecho otras parejas fraternas como los Taviani y los Coen –o en el cine peruano los Vega- es decir compartiendo la escritura del guion y la realización, en la práctica -como suelen repetirlo- funcionando como si fueran “un único cineasta con cuatro ojos”. Sus dos primeros largometrajes, Falsch (1987), historia de una familia masacrada por los nazis, y Je pense a vous (1992) significan, además de un aprendizaje, la continuidad de sus preocupaciones anteriores; sin embargo lo que está ausente en ellas es ese mundo propio y estilo reconocible que caracterizan posteriormente a su cine. Por eso suelen eliminarlos de las retrospectivas dedicadas a su obra.

La madurez les llegará con La promesa (1996), inicio de un reconocimiento internacional que ha ido en aumento hasta situarlos en el lugar central que ocupan hoy en el cine de autor que se hace en el mundo. Apenas tres años después ganarán la codiciada Palma de Oro del Festival de Cannes con Rosetta (1999) en la que sus veinte años de trabajo documental se plasman en la construcción de una ficción social y aparece lo que desde entonces se considera su figura favorita de puesta en escena: el uso de una cámara movediza pegada al cuerpo de la protagonista y sus vibraciones, lo que se manifiesta en un realismo estilizado y un trabajo depurado sobre el sonido off (aquel que llega desde fuera de lo mostrado en el plano) así como la ausencia de música. A ello se unen una rigurosa dirección de actores que se sustenta en la mirada (Rossetta no mira a nadie hasta el final de su historia; en El hijo uno de los dos protagonistas fija de modo constante su mirada en el otro) y un manejo magistral del tiempo narrativo a través de la elipsis y los vacíos o saltos temporales de la historia.

Otro elemento común a las películas de los Dardenne consiste en su trabajo con una determinada familia de intérpretes. Si con Rossetta la actriz Emilia Desquenne gana el premio a la mejor actriz pese a tratarse de su primer rol para el cine, tres años más tarde, con El hijo (2002) Olivier Gourmet -la presencia más constante y el actor fetiche de la pareja de hermanos- gana el de interpretación masculina y una segunda Palma de Oro para sus realizadores. El niño (2005) y El silencio de Lorna  incorporan al francés Jeremy Rénier, notable como el pequeño Igor y luego en el rol del frágil drogadicto que acompaña a Lorna, una de las grandes supervivientes de este cine de personajes tercos y obsesivos.

Las tres últimas cintas de los Dardenne, El niño de la bicicleta  (2011), Dos días, una noche (2014) y La muchacha desconocida (2016) no se han estrenado en nuestro país, algo que no puede sorprender de una cartelera que nos mantiene al margen del mejor cine mundial. En la primera y en la más reciente los realizadores vuelven sobre las relaciones paterno-filiales, un motivo que recorre su filmografía; en la segunda, que pudo verse gracias a la Filmoteca de la PUCP, y que algunos definen como un “thriller social”, una trabajadora luchará contra el tiempo para tratar que sus compañeros se solidaricen con ella, amenazada de despido, y renuncien a un aumento salarial.

La paternidad, la marginalidad, la pobreza, el desempleo o la migración clandestina son tratados por los Dardenne en ficciones intensas e introspectivas. Sus cintas presentan una realidad que preexiste y cuya confictividad persistirá, pero no hay en ellas ningún determinismo. Sus personajes no están condenados y luchan, buscando una salida que pueda garantizarles un resquicio de libertad. Tal vez por ello su cine es tan reconocible en su dinámica, tanto por su manejo de la cámara en mano como por su despojada estética visual (que tiene algo de la austeridad del de Robert Bresson, aunque su exposición de la sacralidad esté dada desde una perspectiva laica), en su mostración del paisaje rural y urbano (el de su familiar Seraing en Valonia) y en su construcción de una moral del relato que se enfrenta a los abismos sociales de la realidad representada. Todo ello sin caer en simplismos ni en la efusión de un sentimentalismo vacuo.

Estas cualidades los hacen herederos del gran cine social europeo del siglo XX, que modernizan con coherencia y sin estridencia, tratando de acercarse con el mayor rigor posible a los problemas de la sociedad contemporánea. La estética de los Dardenne se sustenta en una ética de solidaridad, combina la ficción y el documental logrando ese delicado equilibrio que se ubica entre la distancia y la implicación, un punto de vista que enlaza el estilo (la mirada) con la fuerza emocional de sus historias. Por ello, entre otras cualidades que dejaremos de lado en este texto, se cuentan en el puñado de cineastas de primera fila e imprescindibles del cine actual.

Federico De Cárdenas

 

Filmografía

La fille inconnue (La chica desconocida) 2016
Deux jours, une nuit (Dos días, una noche) 2014
Le gamin au vélo (El niño de la bicicleta) 2011
Le silence de Lorna  (El silencio de Lorna) 2008
Chacun son cinéma (A cada uno su cine) 2007
L’enfant (El niño) 2005
Le fils  (El hijo) 2002
Rosetta 1999
La promesse (La promesa) 1996

 

 

 

 

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