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CINE REGIONAL EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

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Por Gerson Chumán Baca

La mitología andina ha sido fuente de inspiración para muchos cineastas nacionales ya que se han visto fascinados por los enigmas y la magia que rodea dicha cosmovisión. Uno de los máximos exponentes de estos temas y del cine regional fue Palito Ortega Matute y la película con la que incursionó en el subgénero del horror andino es Incesto en los Andes: la maldición de los Jarjachas. Esta trata de un pueblo en Ayacucho en el que están ocurriendo una serie de desapariciones y lo pobladores creen que el causante es el jarjacha, monstruo andino mitad animal y mitad humano que fue castigado por cometer incesto.

El cine de Ortega siempre se caracterizó por ofrecernos escenas repletas de fantasía, incluso surrealistas, que reflejaban las tradiciones y leyendas andinas, a pesar de que siempre contó con poco presupuesto. Esta película no fue la excepción: supo aprovechar de buena manera el género ya que explotó la oscuridad de la noche, en la que trascurrió la mayor parte de la película. Es decir, escenas que solo estaban siendo iluminadas por lámparas, pero que, entre la oscuridad, nos hacía sentir la constante amenaza del jarjacha funcionaban, muchas veces, de manera correcta; si bien no veíamos lo que sucedía, estábamos ante la expectativa de que algo podría pasar. Además, la música acompañaba las escenas de horror y reemplazaban a lo que no se veía, a la amenaza invisible; también ayudaban los sonidos como los ladridos de los perros o los gritos de las víctimas para complementar las escenas de horror. Definitivamente, una muy buena salida ante el poco presupuesto para representar visualmente un monstruo que de por sí es difícil de describir en las historias.

Por otro lado, por momentos los diálogos resultaban un poco reiterativos, no solo porque se repetía casi siempre la última palabra de cada oración sino porque la idea completa de lo que querían transmitir, a veces, se sentía como si hubiera sido dicho por los mismos o diferentes personajes momentos atrás. Sin embargo, es una particularidad comprensible debido a la falta de apoyo y las dificultades que se tenía para hacer películas, principalmente en Ayacucho, pero que, con el pasar del tiempo, Ortega supo manejar para aprovechar los pocos recursos que tenía, al mismo tiempo que mejoraba como profesional.

Cuestiones como estas no parecen tener mucha importancia a la hora de generar afecto en el público; prueba de ello es que este tipo de películas, con bajo presupuesto, tengan más éxito entre los ciudadanos andinos que películas de Hollywood, ya que genera mayor grado de identificación y esta es razón suficiente para seguir haciendo cine en regiones y que reciba más apoyo, no solo de autoridades de la región, sino de todo el país.

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