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EL RETRATO DE UNA ÉPOCA

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Por Gerson Chumán Baca

A 30 años de su estreno oficial en cines, se volvió a presentar la película nacional Caídos del cielo, una de las más importantes, no solo del reconocido director peruano ‘Pancho’ Lombardi, sino también de la historia del cine peruano.

Esta cuenta tres historias que van avanzando paralelamente en el marco de una Lima, a finales de los ochenta, que estaba sumergida en una profunda crisis económica, política y social; y que de esta, los más perjudicados eran los ciudadanos peruanos. Es así que vemos a una serie de personajes pintorescos, a unos ‘ángeles caídos del cielo’ que fueron olvidados, dejados a su suerte y con el único objetivo de sobrevivir frente a una sociedad que les da la espalda y un Perú estancado en crisis.

La película es, tal cual, un retrato de Lima de finales de los años ochenta. Empieza con varias tomas del paisaje limeño de esa época, un retrato trágico de lo que se vivía y de la cual, como vemos, ninguna ‘clase social’ estaba exenta. Por ese mismo lado, la película está llena de referencias de la coyuntura peruana de los ochenta, pero que un espectador ajeno a esta realidad puede entender e incluso soltar unas cuantas carcajadas cuando sea necesario. Reconocidos actores hacen su aparición y demuestran por qué hoy, muchos de ellos, siguen vigentes en el medio artístico peruano, principalmente Carlos Gassols y Élide Brero, quienes con brillantez y buena química otorgan el toque humorístico al film.

Después de una primera mitad que por momentos alarga un poco algunas escenas, considero yo para reforzar las relaciones entre los personajes, tenemos una segunda mitad que, gracias a una vuelta a la historia, principalmente en la de los niños y la del locutor de radio, nos hace descubrir sus verdaderas naturalezas al ponerlos en situaciones al límite. Esto desencadena en finales trágicos e incluso en uno de los momentos, a mi parecer, más perturbadores del cine peruano: la abuela y el cerdo.

Tres historias, tres generaciones y tres ‘clases sociales’, que si bien pueden ser muy distintas entre sí, a los tres grupos los une la tragedia y la crisis, e incluso el mismo final: el cementerio.

Esta película es tan importante en la historia del cine peruano porque demuestra que las historias están presentes en nuestro entorno, que se puede hacer algo grande con ellas; no por poco Lombardi es uno de los precursores del audiovisual peruano y punto de referencia de muchos realizadores nacionales actualmente, y estoy seguro que lo seguirá siendo en el trascurso de los años venideros.

 

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