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Resistir y no callar

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Por Arlem Quevedo Flores

En Brasil, si eres un ciudadano joven, varón, afrodescendiente y proveniente de favela, vives con miedo. Sí, miedo a ser asesinado por el cuerpo policial de tu propio país debido a la discriminación.  Temor a que, sin escrúpulos, manchen tu nombre y te incriminen acusándote de narcotraficante para que tu muerte pase desapercibida por un tribunal de justicia. Esto es lo que Auto de resistência saca a la luz, sin amilanarse, sin echarse para atrás.

El documental es un grito de indignación. Pero, sobre todo, es una denuncia al sistema, al Estado. Pone en mesa casos de homicidios cometidos por la policía, cuyo proceso dura años y exige la lucha de familiares, principalmente madres, por encontrar justicia. Las víctimas son jóvenes entre 15 y 25 años, que fueron alcanzados por las balas mientras caminaban o jugaban en la calle. Y la pesadilla no acaba ahí, sino que son acusados de ser narcotraficantes portadores de un arma con la que, supuestamente, amenazan la vida de las autoridades que se ven, por ello, obligadas a actuar de manera letal. Siempre es la misma historia: la legítima defensa. Sin embargo, no es razonable de ninguna forma. Aun así, los casos terminan en absoluciones, prescripciones y, si las pruebas realmente son innegables, en un par de años, se consigue una pena de encarcelamiento para el acusado. El 2% de casos tiene esa suerte. Se vive con miedo.

El testimonio de los familiares de las víctimas del documental, porque solo una de ellas ha sobrevivido para contarlo, es tomado cuidadosamente, sin abusos. Nos acerca a su indignación, su temor, el trauma, la valentía de seguir luchando por justicia. Sin embargo, lo que este largometraje logra de manera impecable es establecer el problema como estructural, sistémico, complejo desde la raíz. No es un grupo de policías corrompidos por el hambre de violencia y tampoco es un grupo de abogados defensores de los antagonistas, sino que es todo un Estado que ejecuta a sus ciudadanos. Esto se revela en la película desde el discurso, sin necesidad de mostrar un rostro específico en quien posar nuestra molestia. Se hace énfasis en que este problema supera los individualismos. En la calle se grita: “la carne más barata del mercado es la carne negra”. Y allí es donde uno se da cuenta que dar por sentado que llegarás a casa sin que te persigan por tu color de piel y situación económica es todo un privilegio.

Auto de resistência se juega todas sus cartas para alzar la voz. Enfrenta, cara a cara, a un sistema abusivo, que transgrede la vida de sus jóvenes obligándolos a vivir con miedo y condenándolos a una muerte que, a la par, denigra su dignidad como personas. Es un documental que ataca y problematiza, porque ya no se puede seguir callando.

 

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