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Un cine que nos conecta: Las Mil y una y Meu nome é Bagdá

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31 películas. Entre ellas, hay historias que cuestionan y rompen con los estereotipos de género que están preestablecidos y enraizados dentro de nuestra sociedad. Películas que reflejan y critican aquellos altercados de violencia que se producen contra todo grupo que es disidente. Durante el 24 Festival de Cine de Lima PUCP, encontramos personajes empoderadores, cuyas historias permiten visibilizar la gran diversidad de roles culturales, sexuales y de género que existen.

Una de estas historias la encontramos en Las Mil y una, película argentina dirigida por Clarisa Navas, participante de la Competencia Ficción. El filme nos lleva al norte de Argentina, al monoblock de las Mil y una, donde vive Iris, una joven basquetbolista que pasa los días en el barrio junto a sus dos primos. Es un barrio en donde reside el machismo, la violencia y el conservadurismo; pero, donde también coexiste una resistencia queer, pero también hay un sector del monoblock que acepta las identidades de género y las nuevas masculinidades. En medio de este complejo entorno social, Iris conoce a Renata, víctima de prejuicios por parte del barrio, y entre ambas se forma una atracción y un vínculo genuino y poderoso.

La película nos introduce al cotidiano del monoblock de las Mil y una. Una cámara en mano transita libremente por todo el barrio, registrando todos los movimientos, sonidos y actividades que se producen en el interior de este mundo tan activo. Y, cuando estamos dentro de las casas, la cámara reposa, dejando que se desarrollen relaciones muy sinceras que enriquecen la película. Pequeños espacios de calor, como el que se da en la casa de la madre de los primos de Iris, siempre presente y apoyando a sus hijos, se contrasta con la ausencia de los padres de Iris, quienes solo son voces que aparecen detrás de una pared. Es una historia de resistencia, que nos muestra el viaje de auto aceptación de la protagonista.

Estas historias también las podemos encontrar en Meu nome é Bagdá, película de la brasileña Caru Alves de Souza, y que también participa de la Competencia Ficción. Esta vez, la película nos lleva a la Fregesia de Ó, en Sao Paulo, donde conocemos a Bagdá. Ella es una skater de 17 años que se mueve libremente a través de su mundo, sin tener miedo a expresar su identidad ni a criticar severamente a aquellos que mantengan una mirada machista o transfóbica. La cámara transita alrededor de Bagdá con independencia y soltura, moviéndose tan libremente como ella. Lo vemos a lo largo de la película, pero sobre todo durante las secuencias en las que ella está montando skate, que recuerdan al registro independiente que muchos hacen dentro de los skateparks.  

El día a día de Bagdá transcurre junto a su familia y a las amigas de su madre, en espacios llenos de mujeres fuertes e independientes; y también en el skatepark del barrio, un entorno marcadamente masculino. Sin embargo, es cuando ella conoce a otro grupo de mujeres skaters de su edad, que Bagdá termina de encontrarse. Meu nome é Bagdá es una historia sobre la solidaridad femenina, y su gran fortaleza. Esto lo podemos encontrar a lo largo de la película, y nos termina llevando a una secuencia final donde Bagdá se enfrenta a un comportamiento machista, pero esta vez no de manera independiente, sino acompañada, respaldada y apoyada. 

Resistencia, aceptación, identidad. Estas son algunas de las historias que encontrarán en el Festival, películas que podrán disfrutar hasta el domingo 30 de agosto en todo el Perú.

Paulo Corrêa

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