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Un cine que nos conecta: No hay regreso a casa y Objetos rebeldes

Dentro de los caminos por los que las películas nos llevan, podemos encontrar aquellas que nos invitan a explorar los recuerdos que tenemos en nuestra memoria: familia, objetos, realidades sociales y políticas, son algunas de las rutas que tenemos por delante. Dentro del 25 Festival de Cine de Lima PUCP, hay historias que presentan a la memoria como pequeñas baldosas que lentamente van pavimentando un camino, sea el de una directora que busca conocer y comprender a su padre, o el de una realizadora que encuentra en un enigma nacional una forma de acercarse a la pérdida del suyo. 

Esto lo encontramos en No hay regreso a casa, documental peruano dirigido por Yaela Gottlieb y que forma parte de la competencia Hecho en el Perú. Es el viaje de una hija que intenta acercarse a su padre, un rumano desplazado a corta edad y que más adelante formó parte del conflicto entre Israel y Palestina. Empezamos con ella en Buenos Aires y él en Lima, pero ya notamos que la distancia no es solamente espacial: hay un choque de miradas y culturas presente, y somos testigos del esfuerzo que realiza una mirada joven para compenetrar, entender y comprender una mente cargada de 70 años de ideales. Sin embargo, no estamos solo ante una película que busca cruzar miradas.

¿Quién es mi padre? ¿Quién soy yo en relación a él? Son preguntas que se sienten al ver el largometraje. La identidad y la memoria van de la mano, construidos a base de bocetos, dibujos, búsquedas en internet, largas conversaciones y el recuerdo de imágenes que guardamos, pero cuyo panorama nunca va a estar completo. Es un viaje audiovisual que conversa, que pregunta, pero que también hace presente la relación y el cariño que hay entre padre e hija, el cual sobresale por encima de las diferencias de pensamiento. En algún momento del filme la realizadora comenta que su papá está escribiendo sus memorias; y, al mismo tiempo que él las hace, esta película construye momentos que también perdurarán una vez termine la grabación. 

Hay otras ocasiones en las que no tenemos la posibilidad de contrastar lo que pensamos con otra persona, pero encontramos dentro de los objetos a nuestro alrededor un canal para reflexionar sobre las mismas. En Objetos rebeldes, película costarricense dirigida por Carolina Arias Ortiz, que forma parte de la Competencia Documental y que ha formado parte de festivales como Ámsterdam y Barcelona, la realizadora regresa a su país después de 10 largos años para reencontrarse con su padre y poder pasar momentos juntos antes de que la enfermedad de él se haga más grave. En su exploración por Costa Rica, ella conoce a Ifigenia, una arqueóloga que la invita a explorar las esferas de piedra que componen el enigma nacional, y ella encuentra en estos objetos una forma de conversar sobre la muerte, el recuerdo, la memoria y el paso del tiempo.

Es un viaje contemplativo y catártico, en el cual la relación con su padre se construye en paralelo con la presencia de las esferas. Hay un intento por poner a las personas y los objetos en el mismo nivel de importancia y protagonismo: dentro de las reflexiones que resuenan en la película, encontramos una que comenta que los objetos conservan mucha historia dentro de ellos, pero su significado solo se moldea y sale a flote en base a nuestra propia mirada. Lo mismo podría decirse de nuestros recuerdos. Es bajo estas conversaciones que se exploran las múltiples fisuras que hay en la historia, sea en la relación entre la hija y el padre, el deterioro de las propias esferas, e incluso comentarios sobre la propia memoria nacional fracturada.

Estas son algunas de las películas que podrán encontrar en el Festival. Historias honestas y reflexiones que resuenan dentro de nosotros, las cuales podrán disfrutar desde el jueves 19 hasta el domingo 29 de agosto en todo el Perú.

Paulo Corrêa

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